El diablo anda como lión

Darío Dávila / Bernalejo, Durango

La historia de Pajaritos de la Sierra podría escribirse en cartas. Ya no hay gente del pueblo que la cuente. Todos se han marchado dejando que la yerba llene sus casas y el hambre mate a sus animales.Aquí está a punto de anochecer pero un vapor gris cubre los cerros llenos de sombras. Algunas cartas giran con el viento que se mete entre las casas de madera donde ya no hay nadie. No desde que familias enteras se fueron al otro lado para ganarse un cinco. No desde que los tepehuanos desalojaron con violencia a todos sus habitantes por un conflicto de límites territoriales.Febrero 4 de 1994: “…tío, entréguele el becerro a Florencio. Allí donde teníamos el maíz, póngale una lamina grande. Tío: ¡aste béngase a hacer cocina acá¡. No quiero que se muera de soledad!”, dice una de esa cartas firmada por Cruz Castro desde Texas.A Pajaritos se llega por caminos de terrecería que no están el mapa o que a veces terminan en barrancos. No hay luz. Sólo permanece un campamento de la Policía Estatal de Zacatecas comisionado a esa zona para evitar un nuevo brote de violencia por parte de indígenas tepehuanes de Durango.”..tío: sí recibí el acta de nacimiento de Nacho. No tenga pendiente. También le digo que Pedro no está en la cárcel no más que ahorita no trabaja porque se mocho un pedacito de dedo pero estamos bien…”Los animales que abandonaron las mujeres y hombres que habitaban esta comunidad están dejándose morir. Sólo se les escucha bufar o bien aullar en las madrugadas. Los perros, así como Bernalejo, tienen las costillas pegadas a la barriga y comen lo que el campamento de Policías Estatales (una especie de ermitaños de la seguridad), deja.Abril 25 de 1995. “…tío: ya tenemos muchas ganas de verlo. Ermelinda dice que hasta ya quiere ponerse a llorar. Pero como aste me mandó a decir que gastamos mucho dinero para pasar, que nos aguantáramos un poco más…”.Desesperado, un burro con la saliva espumosa, camina de un lado a otro. Al fondo hasta donde la mirada alcanza, se observa Durango y Pajaritos parece insignificante en la inmensidad de esta sierra donde los grillos chillan tanto que no dejan dormir.”…tío: Los poblanos siempre quieren correr a la gente. A lo mejor la migra nos abienta porque disen que va a venir de nuevo. Por eso yo pensaba irme antes, pero haber que pasa”.Una parvada de cuervos revolotea camino a un maizal. Hay más cartas regadas y manchadas por el polvo: “… ma: ya otra vez estoy embarazada, si me arriesgo a ir es muy trabajoso para pasar porque yo no tengo papeles. Me pienso aliviar aquí porque aquí desde que empieza uno a estar embarazada tiene su doctor y cada mes tiene que estar yendo para que lo chequen. Aquí no soban como allá sino que lo checan cada mes…””Ma: ya les dije a Petra y Elodia que les saquen una visa para que se venga usted, para que conozca aquí haber si le gusta o no, porque no es tan bonito como cuentan…”Sobre lo que fueron los sembradíos de Pajaritos de la Sierra empieza a caer una llovizna. El cielo se ha puesto rojizo y sobre las líneas de otra carta una mujer desde Michigan cuenta: “mamá: con sus lentes lea la Biblia y ore porque el diablo anda como lion rugiente viendo haber quien se deja deborar con eso de la migra”.Aquí en Pajaritos no hay nadie. Sólo permanece la Gaby, una mujer tepehuana que a veces corre semidesnuda entre las casas de madera vacías y husmea por el campamento donde permanecen los policías estatales. Luego, se echa a reír camino al monte hablando sola o cantando quedito mientras la niebla se la va tragando entre los ocotes y pinos.

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