LAS MANÍAS DE KELLY

Kelly Garden tenía dos manías: hacer el amor sobre la paja de un granero y matar por venganza. Le extasiaba utilizar un pedazo de cinta con lo que ahorcaba a sus enemigos. La misma cinta que acariciaba después de hundirse en las piernas de una rubia. Una mañana cualquiera le preguntó a la mujer: -¿No se qué hago contigo aquí?-

– No Kelly, -le dijo la rubia- tienes que irte de este lugar lleno de malas ambiciones pasión y odio.

Kelly , una maquina de matar bien aceitada, aparecía en la televisión a través de una vieja película mexicana. Era un filme considerado candidato por el chofer del camión para las cuatro horas de viaje.. Kelly era Alberto Vázquez y la rubia, Jacqueline Andere.

El autobús de la película de Kelly se alejaba de ciudad Victoria, Tamaulipas, rumbo la frontera. Hacía horas que en esta ciudad, metida caprichosamente entre la Sierra Gorda, otro hombre había sentido la pasión y la ambición de miles: -¡Qué diosito me lo llevé a la presidencia, paque ayude a los jodidos!, le gritaba doña Matilde entre los empujones de una valla humana.

El hombre mentado por la mujer respondía con velocidad: ¡Vamos a ganar, vamos a estar dentro de Los Pinos, pero con ustedes!. Pasos adelante, otra mujer traída desde del municipio de Valle Hermoso, organizaba su logística para competir con los que querían saludarlo: ¡Esperamos que tengo los tamaños como dice!, expresaba la mujer.

Transmisión en vivo. Televisora local RCG de Saltillo, Coahuila. En la imagen aparece un hombre que se desparrama sobre el asiento de un Hummer. El chofer de este monstruo de 70 mil dólares, se llama Marcos Soriano y tiene muchas ganas de hacer sentir cómodo al hombre en cuestión.:-¡Mire, candidato, salude a la gente que quiere verlo, que quiere conocerlo. ¡Mire candidato, ese niño!. Oh si la niñez candidato!”.

La imagen en vivo sigue. Parece que el candidato se ha quedado en blanco. Fracciones de segundos y de su voz, nada. Pero el conductor del Hummer habla sin cesar. Un Chevy gris se empareja al cuatro por cuatro. Todavía con el romanticismo mañanero una mujer y sus críos mueven la mano. Parece que ya reconocieron a Roberto. Así se llama este hombre que casi no habla de su segundo apellido: Madrazo.

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