´Debemos esforzarnos por escribir con riqueza lingüística y una narrativa que cautive´: Jesús Duva/El País



Jesús Duva, editor en jefe de El País, dirige un mensaje a periodistas mexicanos durante el taller Periodistas Cuidando Periodistas, impartido en Sonora. A continuación el texto íntegro:

Por Jesús Duva

Comienzo por presentarme, ante la certeza de que muchos de ustedes no sabrán quién es este osado que desde España pretende darles lecciones, aunque nada hay más lejos de mi intención. Déjenme decirles que admiro mucho el trabajo que están haciendo en América Latina, en no pocas ocasiones en situaciones verdaderamente difíciles y arriesgadas. (Mi abrazo solidario para los compañeros de México y otros países que incluso están pagando con su vida el ejercicio de este oficio que tanto amamos).

Como les habrá informado ya Darío, mi nombre es Jesús Duva y ejerzo de redactor-jefe o editor-jefe en el diario EL PAIS de Madrid, el mayor diario de España, que forma parte del grupo de comunicación más importante de España. Llevo 33 años trabajando de reportero en diversas áreas, aunque mi especialización son los asuntos de Interior (terrorismo, narcotráfico, seguridad ciudadana, violencia sexista, etcétera). Además, soy profesor de Investigación y Reporterismo en la escuela de periodismo de EL PAÍS-Universidad Autónoma de Madrid.

Pero no quiero aburrirles con mi biografía, que creo que tiene poco interés, al margen de que ustedes conozcan unos datos mínimos de quién está hablándoles a través de Darío. Vayamos ahora a lo importante.

El periodismo, como conocen bien, está atravesando una crisis de identidad, causada en gran medida por las nuevas tecnologías, sobre todo Internet. Este fenómeno nos ha desorientado a los profesionales de los medios de comunicación clásicos (prensa, radio y televisión). Muchas empresas periodísticas están sumidas en el desconcierto y han decidido apostar por la Red de cara al futuro. Al menos en España estamos sumidos en una profunda revolución sustanciada en la fusión de las redacciones (periodistas que escribían en el papel han sido traspasados a la web y otros que volcaban noticias en Internet han sido incorporados al papel).

Ese hecho se ha traducido en una lucha sin piedad por ser más rápidos que los competidores para así atraer a más lectores a la web de cada medio. Y la rapidez ha traído como consecuencia un empobrecimiento del lenguaje y un empeoramiento de la calidad de los textos y de las informaciones mismas. Quizás solo sea un síntoma menor, pero créanme si les digo que a mí no me gusta hablar de “contenidos”, como se suele oir ahora, cuando en realidad nos estamos refiriendo a noticias, crónicas, reportajes y artículos. Me parece que es considerar nuestros textos como si fuesen unas simples mercancías, algo que se compra y que se vende, que se consume y luego se arroja a la basura.

Las páginas de Internet, al menos de los medios españoles que son los que mejor conozco, están plagadas de errores, erratas, faltas de ortografía, barbarismos, términos incomprensibles, pésima redacción, y textos descontextualizados… ¡Son las prisas!, suelen responder los responsables de este desaguisado cuando se les reprocha su conducta. La Defensora del Lector de EL PAÍS recibe a diario varias cartas o correos electrónicos con quejas que reflejan el mal trabajo de los reporteros.

Creo que los periodistas debemos esforzarnos en hablar o escribir correctamente. Resulta penoso leer una información o un reportaje lleno de frases mal construidas, cuajado de términos ingleses fácilmente sustituibles por otros en español, con repeticiones de palabras que demuestran la pobreza lingüística del autor y, además, faltos de la precisión y de la contextualización que ayudan al lector a comprender mejor el hecho o la denuncia que estamos trasladándole.

¿Cómo es posible que utilicemos la palabra marketing, cuando tenemos mercadeo o mercadotecnia? ¿Por qué usamos fashion, en vez de moda? ¿Por qué emplear ranking cuando tenemos en español el término escalafón o listado? ¿Por qué decimos que tal cosa entraña mucha “peligrosidad”, cuando lo correcto es “peligro”? ¿O por qué escribimos que alguien afrontó la “problemática” con acierto cuando lo exacto sería decir el “problema”?

¡Qué gusto da leer un texto o escuchar un reportaje en radio o televisión bien construidos! ¡Cuánto se agradece ver que las frases están bien hiladas, que la información tiene ritmo y cadencia y que cuenta con todos los elementos de explicación y contextualización! Porque todos sabemos que las cosas no ocurren en el vacío, sino que hay antecedentes que ayudan a enriquecer la noticia y, a veces, incluso son la misma noticia. Sin embargo, la pereza, la dejadez y la ignorancia echan por tierra lo que pudo ser un magnífico relato periodístico.


El taller de Periodistas Cuidando Periodistas

Yo recomiendo a mis alumnos de la Escuela y a los redactores que trabajan a mi cargo que usen el teléfono lo mínimo imprescindible porque siempre es mucho mejor hablar con la fuente cara a cara que a través de un cable. Y también les exijo que vayan a los sitios con los cinco sentidos abiertos: se nota cuándo una crónica o un reportaje ha sido escrito en vivo y en directo porque resulta mucho más rico que cuando se ha hecho desde la mesa de Redacción. Otra de mis recomendaciones es que lean mucho y de todo (filosofía, historia, literatura, sociología, economía, etcétera). Hay muchos jóvenes periodistas muy preparados intelectualmente y que hablan dos o tres idiomas, pero que están muy faltos de cultura general.

Sin embargo, no toda la culpa es del redactor. También tenemos mucha responsabilidad los redactores-jefes o editores-jefes, que somos quienes estamos encargados de dirigir, supervisar y mejorar la calidad de las informaciones. Las empresas periodísticas, como consecuencia de los recortes presupuestarios, han ido reduciendo el número de editores. Y eso se nota. Cada vez hay más reportajes incomprensibles, mal titulados, con exceso de espacio o de tiempo para lo que en realidad se cuenta en ellos, repletos de lugares comunes y muletillas, faltos de documentación, etcétera.

El editor es quien coordina el equipo de periodistas, quien los dirige y orienta desde que comienza el trabajo hasta que queda finalizado. El editor debe supervisar los datos, controlar la calidad, precisar determinados aspectos, verificar cifras, corregir errores y enriquecer la información. Tiene que evitar que salgan a la luz cosas como “un grupo de manifestantes” o que en el edificio ya se registró otro incendio “hace unos cuantos años”. ¿Cuántos manifestantes? ¿Cuántos años?

Queridos compañeros, déjenme que les cuente alguna vivencia personal. Yo procuro ser muy escrupuloso con la información y pido a los redactores que averigüen todo sobre el asunto que están investigando. Así, en una ocasión obligué a un redactor a volver al lugar de los hechos para conocer el nombre de una perrita. Resultó que un matrimonio, sus padres y su hijo habían muerto al estrellarse su coche contra un furgón. El periodista escribía que con ellos viajaba una perrita, que también falleció en el accidente. ¿Cómo se llamaba el animal? ¿De qué raza era? ¿Qué edad tenía? Lo averiguamos y lo publicamos.

En otra ocasión, en plena psicosis por el mal de las vacas locas que hace 10 años sembró la alarma en Europa, el Gobierno de Madrid ordenó sacrificar a una res aquejada de esa enfermedad. Era el primer caso detectado en España. Yo encargué a un periodista la investigación del caso. Cuando recibí el texto, en él faltaba el nombre, la edad, la raza, el origen y otros aspectos. Tras nuevas indagaciones, conocimos todos esos detalles. ¿Saben cómo se llamaba la vaca afectada por el mal? ¡”Endemoniada”!

Por desgracia, parece que nuestro oficio apuesta más por las imágenes que por la palabra. Y yo les invito a que sigan esforzándose en escribir bien, con riqueza lingüística y logrando una estructura narrativa que cautive al lector o al escuchante. Pero no sólo eso, sino que procuren aportar a sus textos el mayor número de datos y la más amplia contextualización. Algunos redactores suelen escudarse en el que espacio es limitado y, con frecuencia. No obstante, yo les demuestro que es posible introducir todos los datos que faltan, tras borrar todo lo que ellos han introducido antes de forma superflua o reiterativa. Por ejemplo, ¿Por qué es necesario decir que el cadáver de la víctima de un crimen fue trasladado a la morgue? Eso es algo que sabe cualquier lector y no es necesario explicárselo.

Compañeros, no quiero cansarles más. Solamente invitarles a ejercer y mantener el periodismo de calidad. Porque, en caso contrario, estamos abocados a desaparecer.

Un fuerte abrazo para todos de su amigo

Jesús DUVA

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