Tinta roja: reporteando la frontera


FOTO: EL DIARIO DE JUAREZ

Estoy frente la computadora de un reportero que ya no cuenta historias porque está muerto.
Sus compañeros de la redacción del Diario de Juárez acordaron que su lugar quedara intacto con una foto que dice: El Choco is here.
Sólo hay una lata de inciensos que ya se terminó, una taza que tuvo flores, su computadora y una foto impresa en una hoja donde aparece reporteando.
Una reconstrucción de testimonios me dice que Armando Rodríguez Carreón les dijo a sus colegas días antes de su muerte el 13 de noviembre de 2008: No hay que tener miedo…
A Armando le decían Choco por su color de piel. La mañana en que lo mataron se alistaba para llevar a su hija de 8 años a la primaria. Su esposa y también periodista, Blanca Martínez, le daba un poco de jarabe a la más pequeña cuando oyó los disparos. Salió y vio a Armando herido. Sacó a la niña del automóvil y la metió a la casa. Al regresar le alcanzó a decir a él que ella no estaba herida. Armando murió segundos después.
El presidente Felipe Calderón aseguró a un grupo de periodistas y miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa el 22 de septiembre de 2010 que habían detenido al supuesto asesino de Armando.
Les filtró que se llamaba Hugo Valenzuela Castañeda “El Vale” o “El 3”.
Pero el Diario de Juárez investigó y descubrió que el hombre había sido asesinado el 8 de julio de 2010 en la cárcel estatal de Juárez. También que había una denuncia ante Derechos Humanos porque militares lo torturaron para echarse la culpa de otros asesinatos.
A un costado del lugar de Armando está el lugar de Luz del Carmen Sosa. También está vacío porque ha ido a España a recibir un premio que el diario El Mundo le dado por la cobertura diaria de la noticia que huele a tinta roja en Juárez.
Descubro que sobre una repisa tiene decenas de cartuchos usados de diferentes calibres de balas que se ha encontrado cuando cubre algún asesinato. Días después le pregunto sobre eso: – Tengo muchas cosas mas que a mi me permiten “no olvidar.
-Creo que nadie ha visto el dolor que yo he visto: ¿Sabes lo que se siente cuando ves a una madre muerta y tener a su bebe en los brazos orinado y herido?
¿Sabes lo que es que tu compañero este muerto frente a ti y el otro herido pidiéndote que te vayas con él en la ambulancia y escuchar a los paramédicos decir en clave que no hay camas en el hospital? ¿O que en un incendio se acabe el agua?
Le insisto:
– ¿Cómo vive la maternidad y la reportería?
– Soy mas reportera que madre, lo confieso
– ¿Cómo combina la casa con las balas?
– Mis hijos están acostumbrados a mi trabajo; ellos saben que hago, leen el periódico, ven noticieros. No son ajenos a la situación de la ciudad. Incluso en algunos casos ellos o sus amigos me han dado información de hechos violentos
secuestros, robos. Siempre fui la mama ausente. La que llegaba tarde por ellos al colegio. La que se los llevaba saliendo de la escuela a cubrir un hecho violento. Iban conmigo a rastreos. Han estado involucrados desde que nacieron en mi trabajo.
Pero eso nos ha dado una distinta perspectiva de vida a los tres. Valoramos demasiado la vida, el tiempo juntos.
– ¿Ha pensado en irse de Juárez ante las amenazas que ha recibido? Otros buscan asilo…
– Mira, yo no necesito que me pongan una pistola en la cabeza o me manden un mensaje de texto o una llamada a mi celular para sentirme amenazada. El riesgo está implícito desde que mataron a El Choco y a Luis Carlos y los asesinos siguen libres. Dejar de hacer mi trabajo seria casi como traicionarme a mi misma. Porque para mi reportear es un compromiso de vida. Y si me preguntas si prefiero exiliarme a morir por hacer mi trabajo, prefiero lo segundo. Y no quiero ser mártir ni víctima. Solo quiero hacer lo que se hacer.
– ¿Le debe algo al periodismo o el periodismo le debe algo a usted?
– Yo le debo mas profesionalismo, por eso busco prepararme…no me debe nada, creo que solo quien escribe puede comprender como ser periodista puede ser tan adictivo…
– A las espaldas de tu lugar está el sitio donde escribía Armando: El Choco is here, dice la cartulina. ¿Qué piensa de ese acto de fe en la redacción?
– Además de fe, es de amor…esta redacción es vieja. Nosotros nos conocimos jovencitos. Hemos asistido a nuestras bodas, nacimientos de nuestros hijos,
piñatas, 15 años, divorcios, somos una familia y amigos de toda la vida
– ¿Cómo vivieron el asesinato Armando?
– El golpe por el asesinato de armando fue devastador. Pero a la vez nos unió.
Casi nos soldó. Esta redacción esta hermanada de tinta y sangre. De la pasión por hacer periodismo.

Por la noche, salgo a reportear con un periodista gráfico que hace galletitas en la tarde para ganar un poco más de plata y de noche ‘patrulla’ – como él dice- los laberintos de Juárez con su cámara canon, una gabardina, cabello barnizado con gel y cargado de adrenalina. David Cruz, es reportero del Diario de Juárez.

Ahora mismo abre su cajuela mientras un policía municipal que nos ha marcado el alto esta madrugada, se aproxima a su ventana. El policía lo reconoce y David Cruz enciende la luz interior.
– Ahí traigo galletitas, le dice mientras al fondo la torreta ilumina las cortinas cerradas de los negocios en el centro de Juárez. El policía le saluda y le dice que siga su camino.
– Ah, estos polis, exclama David.

Damos vuelta en Ignacio Altamirano y al fondo veo una camioneta de militares en las cercanías del puente que conduce hacia el Paso Texas.
– Muy seguido sueño que me van a matar y digo Dios mío cuídame; la verdad no se si regrese. Como están las cosas, no sabes si en cualquier momento te encuentras a los pistoleros y te den en la madre a ti también. Sin deberla ni temerla. Tu sabes bien que andas en el ruedo.

Así nos ha tocado que de repente se arman las balaceras cuando estas cubriendo un ejecutado. Tenemos que trabajar con miedo y todo. Y pues ni modo.

De pronto, David Cruz se ha enterado esta madrugada que hay una supuesta ejecución en la entrada de la avenida Aeronaútica.

¡Enterado mi loco!, estoy en la entrada de Aeronaútica, le dice a su colega por el radio.

David a veces sueña que sicarios lo llevan a un barranco muy alto para matarlo.
– Una vez soñé que me habían mochado la cabeza. Que cuerpo estaba en un lado y mi cabeza estaba en otro.
– Pero con todo eso, siempre pienso que en Juárez puede haber un cambio.

El teléfono suena. Le informan que el supuesto hallazgo de un hombre asesinado fue falsa alarma. Una luz me muestra sus ojos que tambalean con velocidad hacia la derecha. Vamos rumbo al centro de Juárez y David patrulla la noticia. En Juárez hay mucho que contar.

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