Mi reportero-francotirador….

‘Si no tienes nada que hacer esa noche, mejor no salgas…’, advertencia de reportero fronterizo.

Por Darío Dávila
@dariodavila


Era francotirador de noche y reportero de día. Esa tarde de agosto de 2005 en plena redacción, él encabezaba las negociaciones para evitar la muerte de una reportera que había documentado la brutalidad policiaca de un par de policías .

En aquellos días, la canícula en la ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas al noreste de México, convertía en una suerte de comal las calles. La temperatura llegaba hasta los 45 grados. Era tal la temperatura que hasta las iguanas se espantaban el calor en el mofle de las camionetas, me advertía el dueño de un diario local.

El reportero tenía una panza prominente. Su cráneo brillaba por su calvicie y tenía la voz de niño y la ronquera de un anciano. Recuerdo que era fanático de demostrar que sabía mucho de armas. Mira- decía- colocándose en posición de disparo- debes empuñarla así.

Sabía, como tomar el arma, sus dimensiones, sus mecanismos, color, textura y hasta olor. A veces era como un niño gigante jugando a las pistolas entre la tinta y el papel.

Nunca supe cómo llego a ser reportero de judiciales. Pero lo veía llegar de madrugada con su libreta de apuntes y botas de militar perfectamente lustradas.

Tenía la manía de soplarse aire hacia los cachetes con los labios torcidos hacia un costado. Una tarde supuse que ese ritual, era más continuo. El reportero buscaba desactivar el posible asesinato de una reportera que años después sería su pareja.

-¡ Sí señor!, decía por teléfono.
Alguien al fondo le pedía: Quieren que vayamos….
Él respondía: Diles que esperen…

La reportera había publicado en un diario policiaco cómo dos guardias municipales de Reynosa, habían golpeado a un detenido. Horas después una llamada de un traficante local asociado al cártel del Golfo, pedía la cabeza de la periodista. ¿El motivo? Los policías estaban al servicio del grupo criminal y a su jefe, el narcotraficante, no le agradaba la historia documentada en el periódico.

Finalmente, la reportera obedeció la orden del traficante. La citaron a espaldas de las oficinas de la policía local de Reynosa. ‘La oficina estaba llena de computadoras y armas’, me contaría años después.

– ¿Te iban a matar?
– Sí, me dijeron que me había equivocado con sus muchachos…

Sobre la mesa –me dijo- había también comida.

En aquellas fechas, el cártel del Golfo en su representación local en manos de Gregorio Sauceda ‘Don Goyo’ y Los Zetas, mantenían cierta armonía. Ellos mataban y el cártel administraba.

A la reportera le dieron permiso de vivir. Días después me enteraría que la negociación del reportero-francotirador a favor de ella, le compró tiempo de vida extra. Él había intervenido con un grupo más de periodistas comprados por el cártel para que no la asesinaran. Y lo hacían desde una redacción.

Hoy varios medios e intelectuales firmaron un acuerdo Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia en México como parte de la iniciativa México.

Pero dudo mucho que ellos estén algún día en la oficina frente un capo y sus AK-47 como la reportera de la frontera. Dudo mucho que reporteen esas zonas.

Escuché que estuvieron presentes algunos diarios que sí han capacitado a sus periodistas en protocolos de seguridad para la cobertura del narcotráfico pero los periodistas que a diario se juegan el pellejo reporteando temas locales de seguridad en nuestro país no estuvieron presentes en la Iniciativa México.

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