Redacción en llamas: crónica de un ataque a periodistas

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(El audio ha sido alterado por seguridad de los periodistas que narran los hechos)

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Por Darío Dávila (Texto también publicado en Clases de Periodismo)
@dariodavila

Pensaste: Nos vamos a morir. Sentiste cómo el humo empezó a filtrarse por la parte baja de la puerta del sótano. Estabas con tus compañeros de redacción de El Buen Tono, metido en ese cuarto. Eran unos 15 los que escondían de los hombres armados que afuera gritaban: Ahora sí se los va a llevar la chingada…

Al exterior del cuarto de maquinas oías gritos y pisadas. Los hombres armados irrumpieron cuando estabas al 70 por ciento de la edición del diario. Debieron ser casi las 12 de la noche , recordaste después.

Escuchaste un grito pero pensaste: Ha de ser uno de los chavos del bar de enfrente.
Enseguida vino un cristalazo a la fachada del diario. Alguien gritó: ¡Nos están balaceando! Un compañero de tu redacción te secundó: ¡Al suelo!

Agazapado, con un pequeño grupo de editores, saliste del área de redacción. Cruzaste los cuartos donde –en teoría- deberían estar los guardias del periódico, pero notaste que ya no había nadie. Fueron los primeros en correr.

En la huída –para entrar- pateaste una reja que conducía a un cuarto donde los policías se entrenaban. Otro de tus colegas cerró el portón. Después caminaron hacia un pequeño sótano y ahí se resguardaron.

Querías para pedir auxilio pero tu teléfono móvil se había quedado en la redacción que ya se incendiaba. Pensaste que en breve llegaría el rescate…pero el tiempo caminaba lento. La idea te atrapó de nuevo: nos van a matar.

Ya había pasado más de hora y media sin que nadie te auxiliara.
Tus colegas estaban entrando en crisis nerviosa porque el humo de la redacción en llamas, empezaba a meterse por la puerta donde estaban resguardados.

Los ruidos cesaron. Después de un rato saliste y encontraste el portón del edificio del periódico abierto. Los bomberos estaban ahí , esperando a que ustedes salieran, nadie entró por ustedes a rescatarlos.

Esa noche del 6 de noviembre de 2011, eras la noticia. En la calle había policías, reporteros y después soldados.

Recordaste que el dueño del periódico, José Abella García, tampoco estuvo presente. No apareció durante la noche en que su redacción se quemó.

Tu miedo aumentaba con el paso de las horas. Las personas armadas que ingresaron, también se llevaron los móviles de otros periodistas del diario. Y supiste que les hablaron a sus familias para decirles: ‘Todos están quemados, tienen lesiones de tercer grado, vayan a buscarlos al hospital’.

Uno de tus amigos de redacción le envió un correo al dueño del diario cuestionándole porqué no los apoyó porque nunca se apareció en el lugar y él respondió vía electrónica: ‘Se perdieron 20 equipos, en una mañana los recupero. ¿Cuántos tardas en instalarlos…’

La mañana siguiente, encenderías la radio y escucharías al propietario del diario, José Abella García, decirle al periodista mexicano Pedro Ferriz de Con, que el incendio podría estar relacionado con la incomodidad que sus noticias representaban para el gobierno local en turno en la ciudad mexicana de Córdoba.

“El gobierno en Veracruz estaba acostumbrado a que todo le aplaudían y no le gustó que le dijeran sus verdades”, decía Abella al periodista de grupo Imagen.

También le contaría que ya tenía identificados a tres de los agresores a través de una grabación de circuito cerrado, un videocasete que la fiscalía de Veracruz, se llevó para investigar. Y detallaba (refiriéndose a los agresores): ‘Estúpidos mocosos, como de 18 años, incluso un cargador de AK-47 lleno de balas dejaron ahí, y un tambo de gasolina que se les olvidó regar’.

Pedro Ferriz de Con, le preguntaría al dueño del periódico y ex candidato del partido Acción Nacional a la alcaldía de Córdoba, cómo haría para ponerlo nuevamente en circulación. Abella le dijo: ‘Yo quería haber salido hoy pero los trabajadores están muy espantados y no los he podido localizar; Yo se los dije que estábamos expuestos a eso; si ellos no quieren (volver a trabajar en el diario)otros sí’.

A la mañana siguiente al incendio te reuniste con varios colegas y el dueño del Buen Tono, pero no obtuviste la respuesta de apoyo que esperabas: ‘Pensamos que nos iba a dar el apoyo. Pero la junta fue para decir que éramos somos unos coyones (miedosos), que porqué no enfrentamos a los tipos armados, quien se quisiera quedar, que se quedara’.

Tu miedo tenía razón: ‘Varios de nuestros compañeros vieron a los agresores, eso los coloca en una situación de riesgo; la verdad, peligra nuestra vida, vivimos con miedo a que nos pase algo. Máxime cuando no tenemos el respaldo de la empresa. Por eso vamos a renunciar’.

Hiciste memoria y recordaste que días antes a la Redacción una llamada alertó: ‘Queremos que nos manden un correo electrónico, les vamos a mandar información de los marinos’.

También, sabían que otra de tus compañeras de la redacción la seguían desde hace días. Pero nunca la denunciaron.

Antes de que terminara nuestra charla, dijiste que el incendio en la redacción donde ya no trabajarás, es un ‘acto cobarde que vulnera toda posibilidad de libertad de expresión cuando se ayuda de la violencia para reprimir una voz’.
Y recomendaste a otros periodistas: ‘Cuiden su vida. Ponderen siempre su integridad. Las exclusivas nos crean fama, pero esa fama solo dura 15 minutos; y no se compara con una vida que pueda ser silenciada por una bala’.

No recibimos amenazas, dice el director

El director general del Buen Tono, Julio Fentanes, afirma que el incendio de El Bueno Tono es parte de la escalada de violencia, intolerancia e impunidad en las agresiones contra periodistas.
‘Empezaron los asesinatos, luego fueron baleando fachadas de periódicos y ahora ya se atrevieron a quemar periódico’, dice en entrevista a Clases de Periodismo.
Fentanes, que no estuvo presente durante la agresión al periódico, considera que si
cualquier persona llega ataca y no hay presos, ni detenidos ni resultados; con esa libertad quien se sienta ofendido por una verdad publicada en un periódico, va a agredir.
El periodista afirma que no recibieron amenazas. “A mí nadie me dijo, bájale del volumen a esta nota’.
Asegura que El Buen Tono, generó incomodidad. “No les gustaba que les dijéramos que estaban haciendo mal su trabajo”.
El director del rotativo dice que él no puede acusar a nadie de ser el responsable del ataque. ‘Solo puedo hablar de la intolerancia a presentar el trabajo mal hecho de los personajes de la vida pública”, indica.
Y advierte: “Defenderemos nuestros punto de vista. Si los otros periódicos no quieren documentar malas prácticas del gobierno, nosotros sí lo haremos”.

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