10 acciones para reconciliarte con tu editor

Por Darío Dávila

En Latinoamérica algunas redacciones libran una batalla interna que no interesa a las audiencias pero que debilita –incluso antes de su creación- las buenas historias. Una guerra de baja intensidad donde reporteros desacreditan el trabajo de editores frente a colegas de otros medios.

“Es un mutilador de textos” “Nunca ha hecho reportería” “Ni siquiera lee la nota completa”. En estos desencuentros los editores también desacreditan a los reporteros: “Escribe con las patas” “Es un rock star” “No colocó lo más importante en el primer párrafo” “Ni siquiera viene a la redacción” “Lo deben tener comprado”. ¿De verdad produce conocimiento una historia que nunca fascinó al reportero y mucho menos al editor? ¿Debe el lector saber que la historia que su diario público hoy sólo fue un trámite para llenar un espacio?

¿Sabrán los lectores que detrás de historia que leyó y no comprendió existe un reportero que no se comunicó con su editor para precisar datos, contexto y dudas? ¿Cuánta desmemoria provoca el ego de un editor que se siente el amo del contexto, y piensa que maquillando algunos párrafos será suficiente? ¿De verdad produce conocimiento una historia que nunca fascinó al reportero y mucho menos al editor? ¿Debe el lector saber que la historia que su diario público hoy sólo fue un trámite para llenar un espacio?

Podríamos enumerar más desencuentros. Pero se trata de encontrar cosas que nos hacen coincidir para hacer un periodismo que se concentra en los detalles y no solo en generalidades. Porque sólo si cambiamos la forma de ver y crear el periodismo, cambiara la realidad de los periodistas y su forma de narrar historias.

Aquí 10 reflexiones que intentan contribuir a esa mejora:

  1. La fascinación por una historia es el primer escalón para producir un buen texto. ¿Qué tanta de esa fascinación quiere transmitir el reportero a su editor para defender una buena pieza?
  2. Habrá que historias que mueran en la “camilla” (pantalla) del editor si el reportero no tuvo el cuidado de arroparlas con el ingrediente básico: ¿Por qué quiero contar esa historia? ¿Cuánto quiero que mi lector conozca de esa historia?
  3. Un editor que no se siente orgullo por su equipo de trabajo, buscará pretextos para boicotear el trabajo de sus reporteros. Los editores son tan buenos como el equipo que guían.
  4. Un reportero que personaliza y asume como agresiones las recomendaciones a favor de sus textos que le señala su editor, está condenado a vivir en la arrogancia. Talvez con la falsa idea de que es la “estrella de la redacción” pero eso es lo que menos le interesa a la audiencia o a la persona que gastará plata para comprar por Internet o en papel su historia para leerla.
  5. Muchos diarios tienen corresponsalías en otros departamentos (ciudades) Casi siempre estás son el patito feo de la capacitación, recursos financieros y tecnología. Un editor puede establecer una agenda de capacitación continua, conversaciones e interacción con esos equipos para escuchar sus preocupaciones y dudas. Una corresponsalía no es una oficina con personas llenando páginas, sino una célula de talento que conoce los barrios y no cuenta sólo lo que pasa, explica lo que pasa en esos barrios.
  6. Un editor que enseña a los reporteros observar los detalles, tendrá historias sin generalidades. ¿El diablo están en los detalles o no? ¿Entonces porque el periodismo no mira los detalles?
  7. Talvez un editor debe regresar 10 veces un texto con prejuicios, mala redacción y sintaxis pero deberá acompañar 10 veces al reportero para que juntos zanjen ese reto y construyan una pieza mejor en cualquier plataforma periodística.
  8. Hay equipos de editores que son expertos en corregir para intentar mejorar las formas de redacción de sus reporteros. Pero a la larga esto se convierte en una enfermedad sin salida. Con textos bonitos pero sin sentido. Editores maquillistas y reporteros que solo enuncian hechos. Los equipos de redacción deben esforzarse por cambiar de fondo los malos hábitos. Mejorar no es suficiente. Hay que cambiarlos.
  9. Los editores y reporteros pueden apostar por agendas temáticas y no agendas de edificios. Talvez los primeros intentos sean complicados. Pero si ambos comprenden que –por ejemplo- en el tema de violencia sexista entran muchas fuentes humanas y duras, la redacción dejará de tratar estas historias como meros hechos judiciales o de sucesos para transformarlos en historias extraordinarias.
  10. Un editor y un reportero no son meros productores de historias por kilo, sino traductores de realidades dispuestos a dar respuestas, conmover, provocar indignación, alumbrar soluciones y hacer algo para mejorar el mundo.Talvez te interese leer más de este tema en: “26 ideas para cambiar ese periodismo que agoniza” 

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