Las vacantes del ‘señorío’

Las vacantes del “Señorío” from Periodismo Indeleble on Vimeo.

¿Cómo decide un narcotraficante instalarse en una colonia? ¿Quién le da permiso? En el Municipio de Guadalupe, Zacatecas, los Zetas encontraron un hotel de 160 mil habitantes para dormir, extorsionar, matar y vender hasta útiles escolares. La Marina busca acabarlos a balazos y algunas colonias, arroparlos. En esta disputa, los traficantes de drogas abren vacantes a diario. Las ofrecen a niños y adolescentes, principalmente. Algunos vecinos buscan la forma de arrancarle a los capos la adicción por los chavos. El municipio hace lo suyo con campañas para prevenir las adicciones. ¿Pero quién gana y quién pierde? No es que los siguientes relatos tengan la respuesta, sólo son estampas de una historia que se repite en muchas ciudades del país donde el Señorío Zeta sigue avanzando. Un reportaje publicado en Pubimetro

Por Darío Dávila

En la casa ha quedado una luz encendida y balazos en el techo.
Por la calle empinada que alguien bautizó como Alcantarilla, en el centro de Guadalupe, Zacatecas, algunos automóviles apagan sus faros, pasan despacito y miran la fachada decorada por disparos de calibres que sólo dominan los marinos.
– Ah, son calibre de 5.54, decía horas antes un militar, como quien domina el punto exacto de cocción y daño de una bala.
En la segunda planta de la casa -pegadito a pequeños tragaluces de unos 40 por 60 centímetros- la metralla de los marinos había intentado meterse, pasada las cuatro de la mañana. Los navales habían llegado ahí porque alguien les dijo que ahí se escondía algún traficante pesado.

Hace 5 años que Guadalupe (a unos 650 kilómetros del Distrito Federal) es el dormitorio de un organigrama de Zetas compuesto por vigilantes, jefes de plaza, pagadores y policías locales dispuestos a obedecer o morir.
A principios del 2010 la Marina le había dicho al Presidente Municipal, Lic. Rafael Flores Mendoza, que ese territorio de 160 mil habitantes estaba lleno de espías para el narcotráfico.
-Era un señorío engrandecido, cuenta esta noche el alcalde al referirse al poder que tenían los traficantes en la ciudad que gobierna.
En noviembre del 2011, el “señorío” mostró sus colmillos. Realizó una exposición de venta de ropa, calzado, útiles escolares y artículos para navidad en un salón para eventos conocido como “Bonito Pueblo”, rumbo a la salida a Aguascalientes.
Locatarios de la zona y la Cámara de comercio local, reclamaron a las autoridades del municipio sanciones para los vendedores instalados en ese espacio.
— Tuvimos que explicarles de qué trataba el asunto. No podíamos quitarlos así porque sí. Nos amenazaron de muerte, confía uno de los funcionarios asignado a averiguar y poner en orden a los comerciantes de Bonito Pueblo.
-Es difícil limpiar porque ahí va la vida de uno y de la familia, lamenta uno de los hombres que más conoce del tema al interior del municipio y que por su seguridad no quiere tener nombre y apellido.
El alcalde Rafael Flores suelta otro dato de ese momento: – Cuando querías quitar un ambulante te decían que eran amigos de fulano de tal.
¿Pero qué le permitió al “señorío” –como le llama el alcalde- crecer?
A unos 4 kilómetros de ahí en la colonia Tierra y Libertad, hay un mural que han dibujado y pintado miembros del “Barrio Loco 12”, un banda de chavos que después de salir del trabajo –casi todos laboran en la construcción- se reúnen en esa esquina.

Cuídanos madre mía en cada batalla
Señora mía/Oh madre mía/Yo me ofrezco enteramente a ti/ Y en prueba de mi filial afecto/te consagro en este día y para siempre/mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi alma mi vida, mi corazón/en una palabra todo mi ser/ya que soy todo tuyo madre mía/de Bondad guárdame y defiéndeme como hijo tuyo/ Así sea/Amén.

En la esquina –mientras tomo algunas gráficas al mural- mi contacto, una señora líder de colonia que esta noche me ha acompañado a Tierra y Libertad, porque conoce muy bien los barrios, me hace señas que apenas distingo en la oscuridad.
Al acercarme al automóvil la mujer –moviendo los ojos hacia una esquina- me dice que dos muchachos empezaron a llamar por celular al notar mi presencia.
– Mejor vámonos, ordena y me recuerda que en julio pasado, a una cuadra de ahí, en la calle División del Norte asesinaron a 2 mujeres cuando bajaban de un taxi. –Ni les dieron tiempo de bajar, dice y fija su mirada sobre la calle que desemboca hacia el bulevar.
Bajamos hasta desembocar al bulevar que lleva el nombre de un ex presidente mexicano: José López Portillo. Al doblar la esquina aparece a un costado un convoy de Marinos en camionetas Suburban y un par de Cherokees sin placas.
Los marinos circulan siempre apuntando a lo que se mueva y desconfiando de todo y todos.
– Ellos no le avisan a nadie de nada. Se mandan solos. Desconfían de todo, me dijo un jefe policíaco de Guadalupe mientras observa a distancia al grupo de navales que resguardaban la casa en la calle Alcantarilla donde días antes se habían enfrentado a supuestos pistoleros y un jefe del narcotráfico del que la Marina no ha dicho nada.
La desconfianza de los marinos tiene muchas formas: Si alguien se acerca a la zona que resguardan para tomar una fotos con el móvil sólo por curiosidad ellos podrían pensar que es espía del narcotráfico y le quitarán su teléfono, borrarán sus fotos y guardarán silencio . Si al pasar por el lugar de la escena de un crimen que ellos estén resguardando, va hablando por teléfono también podrían imaginar que está reportándose con otras personas sobre el movimiento militar. Entonces le quitarán su teléfono para revisar su directorio de contactos y saber con qué persona fue la última que usted habló. Y si es taxista y ellos suponen que tiene actitud detectivesca, entonces se sentarán a su lado para escuchar qué reporta por la radiofrecuencia. Después de un rato, si no encuentran nada sospechoso, lo dejarán ir.

La lección de desconfianza también alcanzó a un reportero de un semanario local cuando fue obligado por los Marinos a abrir su coche, cajuela y a esperar afuera del cerco de la escena de los balazos.

Uno de los jefes del operativo diría esa tarde (exigiéndome que lo viera a los ojos).
– Debes entender que los muchachos están muy calientes porque las cosas están muy cabronas. Yo te lo digo tranquilo. Ya nos han matado a mucha gente por culpa de periodistas que nos toman fotos.
– Yo sé que ustedes tienen que hacer su trabajo, pero es la vida de nuestros muchachos.
Luego cerraría la puerta y se marcharía arropado por el convoy.

Un balón para la paz
La historia me conduce a la colonia Ojo de Agua de la Palma. En una cancha de cemento construida a finales del 2006, un grupo de unos 12 niños juega futbol. Las porteras son mujeres y los goleadores son chavos de secundarias cercanas.
A estas horas de la tarde las nubes se juntan por encima de los cerros y el aire coquetea con el frío. Los críos corren por el balón y cada tanto algunos se acercan a conversar.
El primero quiere ser veterinario, el segundo contador y el tercero no lo sabe.
— Queremos más canchas. En el Mezquita no hay nada, dice el más bajito de los tres.
Al fondo, un hombre que camina un poco encorvado con la camiseta del equipo de futbol Cruz Azul, vigila con cierto recelo como quien cuida un territorio. Se llama Félix Melenciano Martínez y de él aprenderé que aquí se vive peleando en la calle…y en la casa.
Félix halló una forma de transformar las peleas entre bandas en torneos callejeros.
– Se me ocurrió –dice sentado en una de las bancas de la cancha- hacer futbol porque el barrio estaba bravo.
– Yo miraba en las noches a los barrios enfrentándose a palos y piedras. Entonces pensé: Algo tiene que parar esto y fue cuando empecé a hacer lo del futbol. Arranqué con chiquitos de 10 años y de ahí surgieron cosas bonitas. Al grado de que en lugar de pleitos callejeros, ya eran encuentros de futbol. Ya en las esquinas se encontraban los muchachos para jugar futbol y no para darse con palos y piedras.
Un par de niños que no alcanzan los 10 años saludan a Félix y una persona que minutos antes nos había guiado hasta esta zona, advierte que uno de nuestros informantes en la colonia le ha sugerido que nos marchemos por las preguntas que hacemos.
Félix voltea a ver al hombre que ha lanzado la alerta y dice que todo está bajo control, que él se hace responsable.
– A mi me han amenazado muy fuerte, me han dicho que me quite del deporte porque le estoy quitando clientela a la gente mala.
– Me siento triste porque muchos de esos muchachos se meten a ese tipo de movimiento por la necesidad que existe en sus hogares. Porque no tienen el suficiente sustento en sus casas. No puedo hacer mucho por ellos. Yo quisiera que ellos estuvieran bien y tranquilos.
– Al referirse a que les quita clientela ¿A qué se refiere?
– A la cuestión de consumidores de droga. Aquí –como ellos le llaman- es un campo virgen para hacer adeptos al consumo.
Félix mira a los niños que patean incansables una pelota y a los lejos saluda uno de sus hijos que le informa la cancelación de un partido porque los jugadores no se completaron. Hace años que a su modo, estas canchas son suyas.
– Ésta (dice mirando la cancha de pasto sintético) me la entregaron hace cuatro meses.
Pero no todo puede estar bajo el control de un hombre que ha puesto en un balón la fe para darle un poco de paz a este barrio.

Hace algunos meses hasta la colonia llegó un emisario del narcotráfico y le dijo: – ¿Sabes qué cabrón? ya te traemos en la mira, te vamos a tronar.

– Yo les digo que no estoy haciendo nada malo. Pero ellos me dicen: Lo que tú estás haciendo aquí, nos estás quitando clientela y eso no nos conviene para nuestro negocio.
Ojo de Agua de la Palma se va llenando de más chamacos que juegan futbol en las canchas construidas con dinero del gobierno federal y municipal.
Félix se queda sentado en las bancas de concreto y las nubes empujadas por el viento se posan encima de las canchas. El balón rueda.

El tren de El Chamboy
Simón. “Chamboy” quiere ser Andrés Pérez Pérez. Simón, lo encuentro pegadito a una barda en la colonia Alma Obrera, en Zacatecas. Simón, -dice- me gusta pistear bien machincito. Y sorbe de una botella de plástico algo que huele a gasolina con refresco de cola.
-Es Buchana’s –bromea- soy mariguano desde los 8 años
Chamboy o Andrés Pérez Pérez pasa lista en esta esquina junto a sus hermanos de barrio. En la pared están apuntados Güichos, Chino, Tadeo, Bambi, Chango.
– Yo me drogo porque a mí me abandonaron, dice y presume el menú de lo que consume: Chemo, píldoras, mariguana.
– Tengo unas hermanas que no me quieren. Traigo demanda de mis tíos que porque les robé un estéreo.
En el cuello trae un escapulario. Está seguro de que lo ha protegido a bordo del tren de carga en el que se monta para ir a la ciudad de León, Guanajuato, para ver a sus hijos.
– Es para que no me tiren del tren.
Por momentos su voz es un acertijo. La saliva se le enreda entre los dientes y no completa las palabras.
– Yo quiero que me traten bien. Me han golpeado ¿No cree? Me golpean bien machinzote.
– ¿Quién te golpea?
– La ministerial, los federales, los politanos (dice refiriéndose a la policía Metropolita creada entre los municipios de Zacatecas y Guadalupe)
Luego se levanta el pantalón hasta la mitad de la rodilla y me muestra los moretones.
– Los que traigo en la espalda son tubazos. Dicen que si los demandamos nos dan acá. Y estira la mano para simular el disparo de una pistola y se queda callado.
Chamboy se quedan ensimismado mientras al fondo un vecino del barrio que arregla un vocho sube el volumen a los Tigres del Norte.
Qué te parece si olvidamos los agravios y nos vamos caminando/Como dos buenos amigos al viejo bar donde tú y yo nos conocimos/ Y entre unos tragos recordamos aquel tiempo que vivimos…
Me dijo que se irá mañana en el tren de las ocho pero antes buscará donde dormir en el territorio del Barrio 18.

En la misma cuadra de Chamboy vive un chavo de 19 años que aceptó platicar sin nombre. He visto su expediente antes de conversar con él. Tiene 19 años y ayer un Juzgado Especializado en Materia de Justicia para Adolescentes en Zacatecas, le notificó que el pendiente que tenía con la Ley por robarse un automóvil de la Secretaría de Finanzas hace un par de años, concluyó.

En la frente tiene una cicatriz que le recuerda la paliza que hace casi un año le dieron en esa colonia unos chavos de otra banda. Antes, tuvo que pasar unos meses en encerrado en el tutelar para menores.
– Fue por una chava, recuerda. La golpiza le fracturó el pie y lo mantuvo al menos un mes en el hospital.
El muchacho habla mientras su abuela en la cocina escucha la charla. Recoge los platos sucios del almuerzo- y se encarrila en la plática de a poquito.
– El corazón de uno duele –suelta y quita el desperdicio de los platos.
-Le digo que debe pensar mejor las cosas. Mire somos pobres pero se hace lo que se puede. Gracias a Dios nuestros hijos son buenos muchachos.
– Quítate la mochila hijo, le pide la abuela al “Chamboy” que se ha sumado a la mesa con su botella de plástico.
En su comedor donde tiene colgados calendarios de la Carnicería Laurita y el Canario Feliz, la abuela tiene una teoría más simple de porqué “Chamboy” se droga.
– No le dan calor en casa.
Chamboy la mira y se pierde en un silencio. El nieto de la señora, retoma la charla y dice que quiere ser alguien en la vida. Pero no ha terminado la preparatoria.
– La voy hacer abierta (la prepa).
El muchacho tuvo que cumplir con las disposiciones que un Juez le impuso tras el robo del coche. Le exigieron que trabajara en algo, que terminara su secundaria y que fuera a terapia con un psicólogo.
En este proceso no estuvo solo. El municipio de Guadalupe, a través de la Sindicatura monitoreó su avance a través de un programa de guardia y custodia de menores en el que participan psicólogos y personal de la sindicatura.
La psicóloga Rita del Carmen Camarillo Corona fue una de las encargas de seguirle los pasos.
– Hemos encontrado que por la edad (entre 14 y 17) muchos chavos se arriesgan. Sienten que son invulnerables y se arriesgan a conductas que un adulto no haría.
Rita advierte que los grupos de la delincuencia aprovechan el vacío que dejan las familias.
– El adolescente busca grupos donde identificarse, busca la pertenencia.
Por eso algunos chavos buscan grupos de la delincuencia organizada donde sí hay reglas, donde sí hay pertenencia en el sentido negativo, pero finalmente encuentra las reglas que no encontró en casa.
– En estos grupos delictivos hay reglas, hay lealtad y antivalores.
El muchacho de la colonia Alma Obrera contará un ejemplo como el de Rita, la psicóloga.
– Nosotros –dice como si tomara las decisiones en grupo- ya decidimos que no le vamos a entrar con los de la delincuencia.
-¿Porqué?
-Porque los tratan mal. Una vez nos vino a decir uno que los amarran a una silla y les pegan. Nosotros no le vamos a entrar a eso.
La abuela mira la escena y pone a cocer algo en la estufa. Chamboy y el muchacho salen a la calle para encontrar otra Virgen que parece tener una capa de bigotes grises sobre los labios.
A su lado otra plegaria: Acuérdate o piadosísima Virgen María….

Como si tuviera frío

La mañana amaneció y fría y la radio del automóvil sintoniza la voz de un conductor de noticiarios locales que dice:….La madrugada de este martes una pareja fue privada de la vida cuando sujetos armados ingresaron a su domicilio en la comunidad de San Isidro de Trujillo. Autoridades federales confirmaron el doble asesinato de los jóvenes de 26 y 28 años de edad. Extraoficialmente se sabe que la pareja estaba con su bebé, el cual sobrevivió, aunque también fue alcanzado por el disparo de un arma de fuego cuando fueron atacados sus padres. La Policía Federal y el Ejército mantienen un operativo en la zona para dar con los responsables. Se piensa que puede ser una venganza del crimen organizado.

Un jefe militar me había narrado semanas antes cómo eran los llamados topones con sicarias y muchachos que no rebasaban los 18 años.

– La capacidad de fuego que tenemos es muy superior, por eso cuando se ponen al tú por tú, los que pierden son ellos.
– ¿Porqué no capturarlos vivos?
– Ellos tiran a lo loco. Nosotros tenemos que ser muy certeros en los disparos porque a veces nos enfrentamos en zonas pobladas.
Y recuerda: Hace poco me tocó responder una agresión en Fresnillo y cuando nos acercamos a revisar las bajas del otro grupo vimos que eran puros muchachos. Uno de ellos se quedó con las manos entre las piernas como si tuviera frío…
Los militares han encontrado un patrón de comportamiento en las balas.
– Los del cártel del Golfo se rinden o corren, pero no se enfrentan a nosotros porque saben que van a perder o morir pero a los Zetas no les importa.
– ¿Es cuestión de valor o miedo?
– Miedo a que si no cumplen con lo que su jefe operativo de plaza les ordena, los matan.
Días antes, un vecino de Guadalupe me narraba cómo los Zetas instalaron una Base Operativa en una casa en construcción.
– Una noche me hablaron los vecinos para decirme que ahí se estaban reuniendo personas extrañas. Pero no lo podíamos denunciar porque los tenían amenazados a todos.
– En la casa tenían radios y computadoras. Cuando hicimos la denuncia en el Municipio a los pocos días nos enteramos que los mismos zetas ya sabían de esa denuncia.
A la oficina de Atención Ciudadana de Guadalupe, también han llegado familiares a pedir apoyo para el entierro de algún familiar que ha sido asesinado en un enfrentamiento con militares.
– Me venían a pedir ayuda para pagar rescates, narraba el alcalde Rafael Flores en su oficina.
El edil cuenta que al principio de su administración lanzaron el programa Juntos contra las Adicciones –con la autorización de los padres- examinaron a chavos de las secundarias más conflictivas y los resultados arrojaron que se sentían muy solos porque no veían a los papás.
– Encontramos que muchos de ellos empezaron a consumir droga desde los 8 y 9 años. Había algunos que se drogaban con solventes y tenían problemas de violencia en casa.

La tarde se va muriendo en Guadalupe. Regreso a la casa que a principios de semana fue baleada durante el enfrentamiento entre marinos y supuestos pistoleros. Un muchacho se asoma por la persiana hecha pedazos y roba unas bocinas para computadora. Luego se echa a correr mientras sus amigos ríen y se van juntando en la calle Alcantarilla en el centro de Guadalupe.

La luz sigue encendida en la recámara de arriba. Las balas incrustadas, también.

Detrás del cámaras: ¿Qué aplicaciones se usaron?

El video de este reportaje fue realizado unicamente con con un IPhone4S usando la aplicación de pago Movie360 que además permite utilizar varios filtros y exportar los videos a nuestra computadora.  Para la corrección de las fotos se utilizó Snapseed.

 

Galería de fotos.

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