¿Y por qué no hiciste nada como periodista para cambiar esa situación?

Si en las juntas editoriales fuéramos absolutamente honestos, voltearíamos la mirada hacia las audiencias digitales. Pero no para venderles emociones y likes. Eso no nos hace creíbles o rentables.

Ahora ellas filtran, separan, comparan, comparten, crean, migran. Son una inteligencia colectiva que no podemos subestimar. Seguimos anclados a la lógica de decidir en función de la prisa por contarlo primero, aunque no sea verdad.

El mundo se ha encogido y una historia que parecía no importar, ahora se vuelve viral y eso es incontrolable porque nace desde lo orgánico. Tener esa conciencia y cambiar el paradigma, toma tiempo.

Es un tema de voluntad para repensar la manera en que tratamos las historias para producir conocimiento, indignación o acción. Y eso nace desde la aproximación a esa historia en la calle, hasta su acomodo en la vitrina digital. La rigurosidad puede vencer los algoritmos con los que ahora se selecciona la información.

La escuela de contar bien y confirmar bien, se aprende dejándose guiar por quienes han recorrido las veredas antes de que la prisa, la mentira y el rumor  fueran tendencia.

Vamos reconstruyendo ese lado del periodismo que cuenta desde las personas y para las personas. No me gustaría que en 10 años mi hija menor me preguntara. ¿Y por qué no hiciste nada como periodista para cambiar esa situación?

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